En el marco de un nuevo aniversario del bombardeo a Plaza de Mayo ocurrido el 16 de junio de 1955, el historiador Eduardo Schargorodsky participó del programa «Estudio B», donde reflexionó sobre uno de los episodios más trágicos de la historia argentina y destacó la importancia de preservar la memoria colectiva.
Durante la entrevista, Schargorodsky definió aquel ataque como una «masacre» perpetrada contra la población civil argentina y recordó que el objetivo principal de los sectores sublevados era asesinar al entonces presidente Juan Domingo Perón. Según explicó, el bombardeo dejó alrededor de 350 personas fallecidas y cientos de heridos en las inmediaciones de Plaza de Mayo.
El historiador remarcó que durante décadas este hecho permaneció prácticamente ausente de los contenidos educativos. «En mi generación nunca se mencionó este acontecimiento ni en la escuela primaria ni en la secundaria», señaló, al tiempo que lo vinculó con otros episodios de violencia estatal que, según sostuvo, también fueron invisibilizados por la historia oficial.
A lo largo de la charla, Schargorodsky contextualizó el clima político de la época y sostuvo que el crecimiento de los derechos sociales durante los gobiernos peronistas generó una fuerte resistencia de sectores minoritarios del poder económico y político. En ese sentido, destacó avances como el voto femenino, la ampliación de derechos laborales, los programas de vivienda, la construcción de hospitales y los planes quinquenales de desarrollo.
Para el entrevistado, el bombardeo de 1955 no puede analizarse como un hecho aislado, sino como parte de una secuencia histórica marcada por intentos de desarticular proyectos políticos vinculados a la soberanía nacional y a la ampliación de derechos para las mayorías populares.

Asimismo, advirtió sobre los riesgos de la intolerancia política y sostuvo que el odio social ha sido, en distintos momentos de la historia argentina, un factor determinante en la generación de conflictos y persecuciones.
Finalmente, Schargorodsky hizo un llamado a las nuevas generaciones a profundizar el estudio de la historia y a no conformarse con versiones superficiales de los acontecimientos. En ese sentido, destacó la necesidad de investigar, debatir y mantener viva la memoria para comprender el pasado y evitar la repetición de hechos de violencia política en el futuro.
«La historia debe servir para reflexionar y construir una sociedad más justa y democrática», concluyó.
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